miércoles, 4 de enero de 2017

Nº 4: CALLEJERO DE LA VILLA DE FERNÁN NÚÑEZ. NOMENCLÁTOR DE LAS VÍAS URBANAS CON SU ANTECEDENTES HISTÓRICOS.


Nº 4 Callejero de la Villa de Fernán Núñez.

Nomenclátor de las vías urbanas

con sus antecedentes históricos.



 

 

Autor: Francisco Crespín Cuesta

 

Género: Geografía e historia urbana, crónica local.

 

Edita: Ediciones “Puerta de la Villa”. Fernán Núñez (Córdoba), 2007. 286 págs.

-          Estudio Introductoria, Fotografías y Notas: José Naranjo Ramírez

-          Diseño editorial: Juan V. Zafra

-          Imprime: Gráficas FLORA. R. Valentín. Doña Mencía (Córdoba)

 

Reseña:

            Francisco Crespín Cuesta, profesionalmente vinculado durante toda su vida a la medicina y cirugía auxiliar, tuvo entre otras aficiones culturales (poesía, ensayo, relato…), la pasión por la Historia, campo éste por el que fue reconocido como Académico en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, como Cronista Oficial de las Villas de Fernán Núñez y de la Victoria (donde nació en 1919), poblaciones ambas que igualmente le distinguieron con la mención de Hijo Adoptivo, en el primer caso, y de Hijo Predilecto en el segundo.

Autor, entre otras muchas obras, de una Historia de la Villa de Fernán Núñez, el trabajo que aquí referenciamos es una aproximación a la geografía urbana de esta misma población, para la cual se considera la situación que existía en 1979, momento en que la Corporación Municipal de la democracia abordó un cambio radical en la nomenclatura viaria de la población.

El esquema interno del libro –tras un Estudio Introductorio que se ocupa del autor y de su obra-  parte de la identificación de una serie de unidades o sectores urbanos (barrios en algunos casos, zonas históricamente homogéneas en otras) y de las vías o calles que los integran, procediendo después a un análisis individualizado de cada una de dichas calles en el que se contienen detalles tales como: zona de inicio y fin de la calle, confluencia con otras arterias, aspectos históricos significativos de la propia calle o de sus habitantes, nombres que ha recibido a lo largo de la historia, etc… El texto se acompaña, también para todas y cada uno de las calles, de una referencia gráfica en forma de fotos antiguas –cuando se dispuso de ellas- o actuales realizadas expresamente para esta obra

Este es el desarrollo capitular del libro:

 

Estudio introductorio

 

Capítulo I. Fernán Núñez: Apuntes históricos

 

Capítulo II. El sector antiguo de Fernán Núñez

 

Capítulo III. El sector moderno de Fernán Núñez

 

Capítulo IV. El Barrio Seco                                                                                                 

 

Capítulo V. Barrio de El Encinar

 

Capítulo VI. Barrio de Las Erillas

 

Capítulo VII. Barrio de Santa Ana

                                                                                                                                                   

Capítulo VIII. Barrio de Santa Marina

 

Capítulo IX. Barrio de Las Primeras

 

Capítulo X. Barrio del Monte de la Vieja Ermita

 

Capítulo XI. Barrio del Lagar de Pozas

 

Capítulo XII. Barrio de los Solares (o del Huerto de Don Cecilio)

 

Capítulo XIII. Nuevo Barrio del Higueral

 

Capítulo XIV. Avenida de Juan Carlos I

 

Capítulo XV. Casas en el extrarradio

 

Como muestra y ejemplo ilustrativo del trabajo contenido en el presente libro, ofrecemos, dentro del Capítulo  II (el Sector Antiguo de Fernán Núñez), la sección dedicada a la Calle Escultor Francisco Bonilla, popularmente conocida como “Calle Empedrada”.






CALLE del

Escultor Francisco Bonilla


 

Se inicia esta calle en la de Ángel Espejo y termina en la Manuel Falcó, frente al comienzo de la Calle Córdoba. Por su derecha confluyen las de Doctor Berral, Gustavo Adolfo Bécquer y Juan Ramón Jiménez; y de su izquierda parten las de Juan Criado y Colón.

En la antigüedad se la conocía como “Calle del Hospital”, por haber abierto sus puertas a ella el que, en distintas épocas, fue conocido con los nombres de “Santa Ana”, “La Salud” y “La Caridad”.

Con posterioridad se la llamó “Calle Empedrada”, posiblemente por haber sido la primera, o una de las primeras, que recibiera el beneficio del empiedro, para evitar los daños que las grandes avenidas de agua causaban en ella durante los temporales invernales, a causa de su pronunciado desnivel.

En la acera izquierda de esta vía y en su tramo central se encuentra la antigua Ermita de la Caridad,  edificio que presta, por su historia, gran importancia a esta antigua calle.

Se edificó alrededor de 1525, gracias al décimo Señor de Fernán Núñez D. Alonso Gutiérrez de los Ríos y Venegas, con el nombre de “Hospital de Santa Ana”, para enfermos pobres vecinos de la villa o transeúntes. El nombre de “Caridad” lo había recibido en 1558, al instalarse en el lugar la Cofradía de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo.

Después de muchos años de actividad decayó este centro y, hacia 1680, estando gobernada esta villa por el Conde D. Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, un hombre piadoso, hijo de ella, llamado Juan Criado de Fuentes, puso gran empeño en hacer resurgir el Hospital, para asistir a los pobres de la localidad y acoger a los peregrinos que iban en tránsito hacia Santiago de Compostela, lo que logró con sus caudales propios y la ayuda que recibió del Conde de Fernán Núñez.

El Hospital –que entonces comenzó a ser llamado “de la Salud”-, estuvo largo tiempo dedicado al fin que queda expresado.

Registran los documentos capitulares del Concejo de la villa el paso por este Hospital de un grupo formado por cerca de treinta cristianos nuevos (moriscos convertidos a la fe católica), que pernoctaron en él una noche y fueron socorridos por el Cabildo Municipal, antes de partir, con dos reales de vellón cada uno. Después este centro, falto de fondos y de una voluntad férrea como la de Juan Criado, que fue su administrador durante muchos años, fue descuidándose, acabando por servir de refugio, durante la noche, a los numerosos pordioseros que acudían a la villa a implorar la caridad pública.

En 1753 el Concejo vuelve a tener en consideración la  idea  de  res-tablecer el funcionamiento de esta casa y fundar un hospicio en el mismo edificio, a cargo de los Hermanos Terceros de la Orden de San Francisco de Asís.

Para ello se acordó recabar el permiso del Sr. Obispo de Córdoba –que se estimaba lo daría sin dificultad- y el del Sr. D. Francisco de Cepeda y Castro, tutor y administrador del Conde D. Carlos José Gutiérrez de los Ríos y Rohán, durante su minoría de edad, al cual se rogaría obtuviese licencia del Reverendo Padre General de dicha Orden para que, por lo pronto, se estableciesen en esta villa “los religiosos, confesores, de buena conducta, y un lego que los asista.”

El hospital fue restaurado y fundado el hospicio, según los deseos del Cabildo, pero su existencia sólo fue floreciente al comienzo. Después fue deslizándose sin pena ni gloria, falto de recursos y ayuda, por lo cual los niños expósitos tenían que ser conducidos, apenas recibidos, a las ciudades de Córdoba y Écija, o a la villa de La Rambla.

Durante la espantosa epidemia de peste de los años 1785 y 1786, por no haber espacio para sepultar tanto muerto en la Iglesia de Santa Marina, fueron hechos en esta capilla numerosos enterramientos, siendo también insuficiente el lugar para dar tierra santa a tan elevado número de difuntos, teniendo que recurrirse a hacer enterramientos provisionales alrededor de la Ermita de San Sebastián.

Las dificultades del hospital-hospicio siguieron hasta el año 1787, en que el Conde D. Carlos José, habiendo recibido un valioso obsequio del Comercio y Consulado de Cádiz, valorado en 120.000 reales de vellón, por haber salvado del fondo del océano un cargamento de oro y plata que traía de América el galeón “San Pedro de Alcántara”, embarrancado en las costas portuguesas de Peniche, invirtió el valor de dicho regalo en hacer un cementerio pequeño y restaurar el hospicio, reparando la obra y dotándole de diez amas para criar a los niños que no pudiesen ser atendidos por sus padres o estuviesen desamparados, mandando igualmente poner un torno en dicha casa para recoger a los expósitos. Para esta fundación y para el cuidado del nuevo cementerio, señaló una renta de 5.279 reales.

Con la muerte del Conde, ocurrida en Madrid en 1795, la fundación empieza a languidecer de nuevo, extinguiéndose poco a poco. Todavía se mantendrían durante bastante tiempo los religiosos de San Francisco de Asís en el edificio, pero ya sin poder asistir a enfermos ni a niños desamparados. Las cortas limosnas que recibían del vecindario, a cambio de sus servicios espirituales, no alcanzaba a otra cosa que su sustento.

En fecha no bien determinada, se instala en esta capilla la Hermandad de Penitencia de Nuestro Señor en la Oración en el Huerto y María Santísima de las Angustias, cuyo titulo o advocación sería cambiado después por el de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza.

Esta cofradía establece su sede en el antiguo Hospital de la Ermita de la Caridad, donde permaneció hasta 1936, fecha en que esta capilla, junto con todos sus ornamentos e imágenes, fue entregada al fuego.

Posteriormente fue parcialmente restaurada por la propia cofradía antes mencionada, pero sin volver a abrirse al culto. La vivienda de los monjes franciscanos, cada vez más dañada por el abandono en que permaneció desde que éstos la abandonaron, es hoy un solar lleno de escombros y maleza, del que la ni la Iglesia de Santa Marina, a la cual pertenece, ni la Cofradía del Huerto, obtienen provecho alguno.
 
Volviendo a la calle en que se encuentra ubicada esta Ermita de la Caridad, con fecha 13 de agosto de 1898, siendo alcalde de Fernán Núñez D. Juan Gómez Torres-Huertas, se tomó el acuerdo de dar a la Calle Empedrada el nombre de “Francisco Martínez Gil”.
 
Era este personaje médico-cirujano de profesión, natural de la ciudad de Orihuela (Alicante), que llegó a esta villa en 1806 a servir una de las plazas titulares de la misma, manteniéndose en esta localidad hasta el año de 1856 en que falleció.
 
Prestó grandes servicios a la población durante el tiempo que ejerció su facultad, que fue a lo largo de cincuenta años, sobre todo en varias epidemias de peste y cólera.

Fue igualmente regidor de este Ayuntamiento durante el bienio de 1838 a 1840, desempeñando el cargo de Síndico Procurador del Común, en cuyo tiempo se iniciaron, bajo su dirección y administración, las obras de erección del monumento conocido como “El Triunfo de Santa Marina”.

Para que su amor y vinculación a Fernán Núñez fuesen completos, contrajo matrimonio en esta villa el 9 de noviembre de 1807 con Dª Catalina de Torres Muñoz, natural de ella e hija del hacendado D. Antonio de Torres y de Dª Clara Muñoz.

El Ayuntamiento de 1931 mandó suprimir el nombre del Dr. Martínez Gil para dar a esta vía el de “Suñer y Capdevila”, honrando así a uno de los políticos republicanos de la época[1].

En 1937 fue éste nombre sustituido, a su vez, por el de “José Calvo Sotelo”, en honor del famoso político y jurisconsulto gallego que, en su juventud había militado en el Partido Maurista y creado la Mutualidad Obrera del mismo. Fue, asimismo, Gobernador Civil de Valencia en 1921, Director de Administración Local en 1923, Ministro de Hacienda con Primo de Rivera desde 1925 y jefe del Partido de Renovación Española durante el período republicano. Su asesinato, un 13 de julio de 1936, precipitó el estallido de la insurrección acaudillada por el General Franco.

Por último, en 18 de septiembre de 1979, en virtud de acuerdo de la Corporación Municipal, le fue dado a esta calle el nombre de “Francisco Bonilla Villalba”, escultor, hijo de Fernán Núñez, fallecido poco tiempo antes en Madrid, después de varios años de labor muy intensa y de penalidades físicas que le aquejaron durante casi toda su vida.

De su privilegiado talento guarda Fernán Núñez dos preciosas reliquias que el pueblo tiene en gran estima y veneración, a las cuales rinde cada año su enfervorizado homenaje en los desfiles procesionales de la Semana Santa: El Cristo Caído y el de la Buena Muerte, tallados en madera, que son, sobre todo el último, de las mejores obras salidas de la moderna imaginería española.




[1] N. E.: Francisco Suñer y Capdevila (1826-1898) fue médico, muy significado por sus estudios sobre tuberculosis y cólera en los barrios pobres de Barcelona, al tiempo que políticamente, como republicano federal, fue Diputado en Cortes por Gerona. Fue muy conocido por su posición atea y anticlerical, llegando a formar parte del Gobierno de Pi y Margall (como Ministro de Ultramar) en la Primera República.
 
 
 
Fachada de la Ermita de la Caridad



Monumentalidad y belleza de las casas de la Calle “Empedrada”

en la zona más próxima a la Puerta de la Villa.


 


Sector de la Calle “Empedrada” más próximo a la calle Nueva, el más reciente
 
 

Espléndidos ejemplos de arquitectura tradicional de Fernán Núñez

 En algunas casas, sencillas pero preciosas, de la Calle Empedrada


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